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Los albores del Panteón Municipal de Celaya


Por: Rafael Soldara

Historiador y Coordinador del Museo de Celaya, Historia Regional

El Panteón Municipal Norte de Celaya fue inaugurado en la segunda mitad del siglo XIX. Años después fue remodelado, por lo que su reinauguración se registró el 15 de noviembre de 1890. A partir de esta fecha se arraigó una tradición anual en nuestra ciudad, a esta celebración se le conoce como ‘La fiesta de las luminarias’, en la que se encienden fogatas entre los barrios y calles cercanas al cementerio, con la finalidad de iluminar el retorno de las almas hacia su descanso eterno.

 
El primer entierro del Panteón Municipal de Celaya fue de un músico, antes de ser oficialmente inaugurado.

 Cuando indagamos al pasado sobre los difuntos, necesariamente debemos reconocer que históricamente la iglesia católica desarrolló su registro como administradora de los espacios para entierro. Así, transcurre el periodo virreinal hasta el siglo XIX, en que se desarrolla la desamortización de bienes de la iglesia, tanto por sanidad, dignificación urbana, como estrategia para restar monopolio a la misma institución eclesiástica. El gobierno generó un aparato administrativo no religioso e implementó para el caso de defunciones, los panteones civiles aislados de los recintos del clero y de núcleos de población. Pero este concepto e iniciativa tendrá claros antecedentes en los Estados Unidos de Norteamérica y por supuesto, en Europa.

En Guanajuato, el servicio de registro, según la Guía General del Archivo del Estado de Guanajuato, quedó establecido el 21 de diciembre de 1860 en la “Ley Orgánica del Registro Civil” emitida por el Presidente Constitucional Benito Juárez y fue dada a conocer en la ciudad de León, Gto., por el entonces Gobernador del Estado, general Manuel Doblado.

 Los documentos iniciales que existen del registro civil correspondientes a la oficialía de Celaya, datan para el caso de defunciones, desde el año 1888, los cuales se conservan en el Archivo General del Estado y un microfilme completo hasta 1920 en el Archivo General de la Nación.

 Previo a este periodo, encontramos en el templo Parroquial o Sagrario de Celaya, los libros de defunciones de 1635 a 1892. Es decir, 2 años aún después de haberse inaugurado oficialmente el Cementerio Municipal en 1890. La iglesia continuó con sus registros y espacios. Prácticamente la información documentada relativa al siglo XVI y principios del XVII, a decir de Mónica Leticia Gálvez Jiménez, es inexistente.

Sobre Celaya, en los mencionados registros públicos, (que por cierto se encuentran en lamentable estado de conservación) el último entierro que identificamos realizado en el panteón de la Cruz, es del indígena Gregorio Martínez, quien murió a las ocho de la mañana del jueves 18/sept/1890 en el barrio de San Juan.

 En los 2 años anteriores (1888 y 1889) sólo quedaron habilitados los panteones de San Antonio, la Cruz, San Miguel y en menor medida las bóvedas del Carmen, pero no figuraba el panteón municipal aún.

 Carreño de Maldonado menciona además, otros “campo santos” que se ubicaron en terrenos del ahora mercado Morelos y del mercado Hidalgo, propiedad de los Frailes Agustinos; de San Francisco (en el espacio que ocupa ahora el jardín donde se encuentra la “Bola del Agua”) y en las criptas del templo de la Merced.

Luego del registro del indio Gregorio Martínez, le sigue una difunta que bien pudiera considerarse el primer entierro que al menos es documentado por el registro civil y destinado al entonces nuevo Panteón Municipal, y responde al nombre de Ma. Trinidad Vázquez, quien murió de sífilis en el Hospital Municipal de Celaya a las once y media de la mañana del jueves 18/sept/1890. La mujer era soltera, originaria de Salamanca y tenía 24 años de edad. Ese mismo día el Jefe político envío un oficio al juez Juan Rocha para ordenar la inhumación gratuita del cadáver, lo cual se hizo en el Panteón Municipal en primera clase. Esta iniciativa, de inhumar gratuitamente en el panteón civil, tenía por objeto animar a poblarlo de cadáveres logrando evitar la reiterada insistencia por sepultarse en los camposantos ubicados en los Templos de la ciudad.

 Así, el registro de ambos difuntos, fechados el viernes 19 de septiembre de 1890, tuvo de distancia casi 1 hora. Con ello quiero expresar que después del entierro de Trinidad Vázquez, hasta el año 1900 y aún en los años posteriores, predominarán los registros del Panteón Municipal como único destino mayoritario de los difuntos en Celaya. Esto es lo que nos dice la fuente documental de carácter civil.

 Según Carreño de Maldonado, el señor J. Jesús Morales, jefe político de Celaya, fue quien tomó la determinación de edificar el panteón oficial (Panteón Norte), y fue el 15 de noviembre de 1890 en que fue inaugurado (tan solo 2 meses después de los entierros antes precisados). Al año siguiente la gente volvió en vista de su “Aniversario”, adoptando ese otro nombre de “Aniversario” para referirse al panteón municipal. Luego entonces comenzó sintomáticamente a visitarse cada año el 2 de noviembre, día de los difuntos y el 15 del mismo mes.

Los dos casos anteriormente citados son tan sólo un ejemplo de cómo en los registros del gobierno quedaron reflejadas las modificaciones de los espacios de entierro y de un lapso prolongado para poblar de sepulcros al panteón civil, ubicando la inauguración como un mero acto de carácter político que respetó las condiciones biológicas de los difuntos.

 Merece especial mención el entierro que podría ser el más antiguo, de la Sra. Trinidad Suárez viuda de Mancera, quien murió a los 85 años de edad el 9 de febrero de 1815 (75 años antes de inaugurarse oficialmente el panteón). Este sepulcro posteriormente fue modificado por los familiares en pleno siglo XX, y su existencia puede rectificar los 10 y hasta 15 años antes a los que se atribuían las primeras inhumaciones.

Es posible que en el archivo parroquial del Sagrario – Catedral, puedan detectarse los primeros entierros del Panteón Municipal, que datan de fechas anteriores a 1888 y que no podemos consultar en la fuente del registro civil porque no existe. Es decir; que hayan sido reinhumados y llevados sus cuerpos de los atrios al panteón municipal. Pero también podemos encontrar entierros prácticamente indocumentados, e incluso sepultados en terrenos particulares no necesariamente fuera del orden legal o canónico.

 Otro personaje ampliamente identificado es el filarmónico Secundino González Sánchez, cuya lápida se localiza junto a la puerta del Panteón Municipal y al cual se le ha atribuido el privilegio de ser el primer entierro con el cual se inauguró oficialmente el panteón. Este murió en Celaya, el domingo 5 de octubre de 1890, y por orden de la autoridad municipal, debía sepultarse en lugar distinguido por 5 años. Es decir, quedó circunstancialmente exceptuado de los espacios de primera, segunda, tercera clase y fosa común. Secundino González vivía en la casa número 15 de la primera calle de Guadalupe y murió de anemia cerebral. No era indígena, pero sí originario de Celaya, de 28 años, casado con la señora Jesús Molina a quien dejó viuda; hijo de Secundino González finado y de Josefa Sánchez que vivía.

Si bien este privilegio podría quedar desplazado por el entierro documentado el 18 de noviembre del mismo año, aquel es un sepulcro que físicamente no lo hemos podido detectar. De ahí que la modesta lápida del Sr. Secundino González sea la única referencia que de los anteriores se haya preservado y al cual hayamos atribuido un enfático significado.

Es importante recordar que el Panteón Municipal fue ubicado originalmente en un predio extenso a un lado del viejo camino a San Miguel el Grande (de Allende); para la época, muy alejado del centro de la ciudad. Cuando su cupo llegaba a su límite, el panteón se extendía hacia atrás y luego se le anexó un terreno hacia el norte, ocupando un gran rectángulo que tenía su propia entrada principal; pero que entre ambos, sólo podía comunicarlos una puerta junto a la cual se instaló en el terreno anexo, una oficina del administrador; y cerca, unos baños y unas pilas para contener agua. Los antiguos cuartos destinados a la administración y bodega, fueron destinados a la exhibición de cuerpos momificados en la segunda parte del siglo XX.

 Los campo-santos fueron eliminados. Las losas y monumentos funerarios se perdieron, como las osamentas pasaron a configurase en el anonimato. Recordemos también que el paso de nuevas generaciones y las propias necesidades de cada época, contribuyeron a la pérdida de identidad o sentido de pertenencia. Más aún cuando priva el desconocimiento del pasado, todo es vulnerable al olvido y al cambio traducido muchas veces en su destrucción.

 Algunos de los más célebres personales sepultados en el Panteón Municipal Norte de Celaya.

 1.- Abigail Carreño de Maldonado. Cronista de Celaya.

(Nació el 22 de marzo de 1921 y murió el 4 de julio de 2006)

2.- Alfonso Sierra Madrigal. Poeta

Sus cenizas están localizadas dentro de la capilla del Panteón Municipal.

(Nació en 1896 y murió en 1945)

3.- Antonio Escobedo Martínez. Militar, hijo del Gral. Mariano Escobedo.

(Nació en 1862 y murió el 27 de junio de 1890)

4.- Crisóforo Guevara. Presbítero, docente y benefactor.

(Nació el 20 de abril de 1874 y murió el 21 de abril de 1942)

5.- Enrique Colunga Meade. Licenciado y Constituyente de 1917.

(Nació el 1 de agosto de 1877 y murió el 6 de diciembre de 1946)

6.- Eusebio González y López. Empresario, esposo de la Benefactora Emeteria Valencia.

(Nació en 1830 y murió el 21 de enero de 1893)

7.- Francisco J. Navarro. Músico, intérprete y compositor. Fundador de la Banda Municipal de Celaya

(Nació el 1 de diciembre de 1858 y murió el 31 de julio de julio de 1914).

8.- Francisco Juárez. Docente.

(Nació 3 de diciembre de 1859 y murió el 8 de febrero de 1923)

9.- Ignacio Larrañaga. Coronel y excombatiente en las guerras contra la intervención extranjera norteamericana y francesa en México. Es la tumba más antigua del Panteón Municipal Norte.

(Nació en 1818 y murió el 19 de diciembre de 1879)

10.- José Inocencio Cabrera Álvarez. Fotógrafo de estudio, sucesor de Miguel Rodríguez, pionero.

(Nació el 27 de diciembre de 1862 y murió el 27 de marzo de 1932)

11.- José Nieto Piña. El Teatro de la Universidad de Celaya lleva su nombre

(Nació el 24 de diciembre de 1886 y murió el 25 de mayo de 1937).

12.- Liborio Crespo. Poeta

(Murió el 7 de octubre de 1925)

13.- Manuel Concha Quintanilla. Licenciado, cronista y benefactor.

(Nació el 18 de enero de 1857 y murió el 24 de febrero de 1949)

14.- Manuel Silva Esparza. Poeta y periodista.

(Nació el 21 de septiembre de 1900 y murió el 10 de mayo de 1934)

15.- María de Jesús Silva Esparza. Docente y fundadora escolar.

(Murió el 9 de diciembre de 1926)

16.- Nemesio Ponce. Introductor de la telefonía a Guanajuato.

(Murió el 21 de agosto de 1948)

17.- Ramón García Garibay. Docente y fundador escolar

(Nació el 2 de abril de 1867 y murió el 20 de abril de 1934)

18.- Secundino González Sánchez. Filarmónico

Primer tumba del Panteón Municipal Norte recién inaugurado en 1890.

(Nació en 1862 y murió el 5 de octubre de 1890)

19.- Silvano Ramos.

Compositor e intérprete. Autor de “Allá en el rancho grande”.

(Murió el 20 de febrero de 1943)

20.- José Valentín Mancera Sánchez.

“El Bandido Generoso”, originario del pueblo de San Juan de la Vega, Gto.

(Nació el 12 de febrero de 1860 y murió el 20 de marzo de 1882)